¡Ay, el polvo!

Cuando planeé este blog lo hice con todas las buenas intenciones del mundo. Pensé durante días, saqué listas sobre las cosas de las que hablar, borradores de textos, calendario de publicación… Todo lo que me dijeron que tenía que hacer. No escribí, eso es cierto. Pero lo demás lo hice todo.

Decía una imagen por ahí que un blog se alimenta de comentarios… y de textos, amigos; sin texto, sin posts, no hay blog que se precie.

Echando un poco la mirada atrás creo que fue muy atrevido por mi parte querer contaros algo a lo que todavía me estoy adaptando. Yo quería contarlo para adaptarme, desde la comprensión absoluta. Pero no funciona así, una no puede hablar de algo que no sabe. Bueno, puede, pero seguramente será un intento fallido.

No sé muy bien cómo, pero he convertido un blog pensado para divertirme en algo obligatorio, en trabajo. Mi amiga Megan estaría orgullosa de mí (spoiler: no). Vale que tiene que ser retador (y, creedme, escribir regulamente lo es), pero a lo mejor tampoco tiene que estar perfectamente pensado. Es fácil avanzar con las cosas, pero solo si se hacen. Y para hacerlas necesitas saber qué quieres hacer. Y posiblemente algo de descanso.

Llevo días con ganas de contaros cosas, pensando en este post y diciendo “luego lo escribo”. Luego no llega nunca, claro, y mis ideas vuelven inmaculadas a estar disponibles para el mundo, esperando a otra persona que las use.

En definitiva, contaros que vuelvo. De una manera más caótica y desordenada, pero vuelvo. Así en mitad del verano, cuando solo puedo pensar en estar en una playa tirada en la arena y tomando el sol. Sí, siempre idealizo así la playa. La misma a la que luego me da pereza bajar por la cantidad de gente que hay; pero también me flipa estar dos o tres horas ahí y el moreno tan bonito que me deja. Creo que de la playa, excepto la arena en el bocadillo de tortilla, me gusta todo.

Yo con amiguis en la playa.
A pesar de ser de “secano” y de poder contar con los dedos las veces que he ido a la playa con gente siendo adulta, parte de mis mejores recuerdos tienen de fondo el ruido de las olas.

1 comentario en “¡Ay, el polvo!”

  1. Voy a dejarte comentario para que te animes a seguir escribiendo. A veces no hay que comprenderlo todo, claro que se puede escribir sobre lo que no se comprende siempre que no se haga desde la posición de experta. Puedes hablar de lo que no comprendes o no conoces en tu camino de aprendizaje. Las preguntas y las dudas también son interesantes porque hacen reflexionar. Eso sí, que te divierta, si no es un horror.
    Un abrazo.

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