Ensalada #1

Lo he intentado, de verdad que sí, pero la vida siempre me pilla desprevenida. Vivo en una eterna disonancia entre lo que me gustaría hacer y lo que hago. Cada vez menos, eso es cierto, en parte porque me niego a hacerme promesas que creo que no voy a cumplir y también porque la consciencia me ayuda mucho a tomar tierra.

La cosa es que cuando planée este blog decidí publicar dos veces por semana, los miércoles y los sábados; con una periodicidad de dos semanas, todos los seguidores podríais estar satisfechos si no os interesaban todas las categorías. Aunque me hice un planning muy detallado, mis ganas de escribir hicieron caso omiso y para cuando llegó la fecha de lanzamiento, solo estaban los tres primeros textos escritos. Y cambié a una publicación por semana.

Y luego llegó el momento de escribir y todo se había convertido en artificial porque, aunque vosotros lo desconocierais, yo ya sabía qué iba a ocurrir y cuándo. Y eso me aburría un poco.
Un jueves tomé la decisión de irme la semana siguiente de vacaciones y me pegué organizando agenda y adelantando trabajo todo lo que quedaba. En Zaragoza, desconecté de todo y de todos aquellos que no vivieran allí (bueno casi, que con Elalemán sí que hablé) .

Me gusta prepararme los post e investigar los temas que trato, claro; pero también escribir a impulso, solo para no olvidarme de algo bonito que ha pasado o de una idea que he tenido. Y si usara un diario, dejaría de tener razón de ser este blog, que, como ya os dije, aspira a ser un álbum de recuerdos hecho de bits. Así que de vez en cuando, sin mucho orden, aparecerá una de estas “ensaladas” en las que mezclaré churras con merinas y os compartiré las cositas que tengo en la cabeza.

Ayer releí En ajeno de Brenda Ascoz, un breve poemario que me gustó bastante en su momento y que no había tocado desde 2007. Cuando leo poesía suelo doblar las esquinas superiores de las páginas para marcar los textos que me gustan especialmente. Ayer, al volver a ese libro, tuve una sensación rara. Hubo poemas que me fascinaron y no tenían doblez. En alguno de los que sí la tenía, me vino un sabor amargo. “Escribiste un texto muy similar. No recuerdo el año, pero el tema y la estructura de comienzo parecen calcadas. ¿Lo marqué por eso? No, seguro que también me gustó. Es muy trágico“. Otros me gustaron, claro.
Es la segunda vez este mes que leo sobre la lectura de alguien y la circunstancia me tiene fascinada. Es un ejercicio de leer extraño que todavía estoy explorando.

Hoy me he comprado un libro. Creo que es el segundo libro en alemán que adquiero con verdadera intención lectora. Se titula Schulkummer y es de Daniel Pennac; es la edición alemana de Mal de escuela, un libro que me hizo replantearme muchas cosas sobre la educación de la literatura y que os recomiendo siempre.
Me excita la idea de leérmelo. ¿Seré yo una de esas extranjeras que leen libros en alemán y los entienden? Sí, ya sé que resulta gracioso leerlo; pero es que a día de hoy, todavía no me acabo de creer que vivo en otro país y en otro idioma. A pesar de que buena parte de mis comunicaciones diarias son en alemán (os contaré algo muy gracioso sobre cómo conseguí cita para el médico, un día de estos), si me miro de lejos, me sorprende todavía.

Espero que os guste esta ensalada. ¿Hay algo que todavía os sorprenda de vuestra vida?

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