Categoría: Literatura

Nota a pie de título: En este post Literatura y libros son utilizados como sinónimos. Otro día discutimos si hago bien o mal.

Hace unos meses hice un ejercicio típico de los cursos de emprendimiento que consiste en preguntar a algunos amigos y conocidos para qué acudirían a ti en el caso de tener un problema. Hubo respuestas variadas y múltiples, pero una se repitió en todos los casos, incluso entre no lectores: mi relación con los libros. Posiblemente, si hubiese seguido estrictamente el resultado de aquel ejercicio me hubiese hecho librera; no lo descarto, pero, de momento me quedo con pulir textos.

Este ejemplo viene a confirmar aquello que te dije en el primer post y es que hay mucha gente que me relaciona con los libros. De hecho hay personas que me escriben un par de veces al año solo para pedirme que les recomiende un libro de tal o cual temática porque tienen que hacer un regalo o no saben qué leer. He dicho “personas” porque que me escriban para eso lo considero un halago aunque sea interesado.

Creo que he tenido libros de todos los tamaños, grosores y colores y es que me flipan como objetos en sí mismos y como contenedores de historias.
La estética de algunas colecciones es innegable, claro. Aunque yo no soy coleccionista en ese sentido, en los últimos años me he vuelto un poco más sibarita respecto a las buenas ediciones. Las portadas, las ilustraciones, la calidad del papel y hasta la disposición de las hojas, todo me atrae.
Pero no te voy a engañar, a mí lo que más me gusta es lo que tienen dentro. La historia y la historia detrás de la historia.

Libros que cuentan historias que cuentan historias que aparecieron en otras historias: una cadena de historias infinita.

Este párrafo iba a empezar con un “creo que no soy una lectora canónica”, pero no tengo la más remota idea de qué es ser una lectora canónica. Y estoy un poco harta de las definiciones de diccionario, así que digamos que soy una lectora. Leo de todo, aunque menos teatro que poesía o novela y menos novela épica que cualquier otra cosa. Detesto leer por obligación y, por ello, mantengo una exacerbada discusión interna respecto a las lecturas obligatorias en el mundo educativo. A lo largo de mi vida he sufrido muchísimas crisis lectoras y lo sé porque hubo un tiempo largo en el que dejé de leer. No sé exactamente qué fue, quizá el hastío o la trepidante vida universitaria. Aún entonces me definía como lectora.

Exactamente igual que ocurre con el cine, la cocina, la música o los pensamientos, creo que hay que cuidar lo que uno lee. Las estanterías de bibliotecas, librerías y blogs están llenas de mensajes facilones amontonados en palabras que se siguen página tras página adornadas con cubiertas bonitas. Mensajes que no aportan nada, mensajes tóxicos incluso…
Así que me gusta mucho cuidar lo que leo. Intento mantener el equilibrio entre libros técnicos y “libros, libros“. Como te he dicho, detesto leer por obligación y los libros técnicos (en este momento de oratoria, emprendimiento y mentalidad) se me suelen atragantar por ello. Con los “libros, libros” me pasa al revés; si me engancho, no los suelto y, lamentablemente, no puedo pasarme tres horas leyendo al día (lo que echo yo de menos tener que usar el transporte público…).

En fin, que me gusta leer y comentar lo que leo; a lo mejor, con un poco de compromiso y lo fácil que me lo han puesto mis últimos descubrimientos consiga compartirte mis lecturas y contarte algunas de las apasionantes historias que voy conociendo.


Y tú, ¿cómo te relacionas con los libros?


Imagen de moritz320 en Pixabay

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